Con el pulso centelleante del encuentro y el rechazo, con la irrupción de las fuerzas de la naturaleza y el linaje en cada intersticio de la memoria, se activan, en una poderosa respiración, los versos de Ruperta donde habitan los seres deseantes que sufren la pérdida de lo amado, pero no cesan en su evocación del sentido cósmico que los atraviesa.
Hay un espacio nocturno en que los antiguos cómplices se miran, se tocan, se enlazan o se pierden, transitados por las mareas convocadas por la Luna que nos someten con su fuerza al ir y venir de las partículas, los rincones del cuerpo y las palabras que no dejan nunca de sentir el abismo del recuerdo.